Una nueva era tecnológica

Hacia una arquitectura de los sentidos

Article image

Los términos «materialidad» y «metodología» solían estar separados por una tradición centenaria de diferenciar entre mente y materia. Hace apenas 25 años, no habríamos dudado de que la tecnología era la solución correcta para obtener nuevos métodos y soluciones para llegar a fin de mes y nuevos materiales para mejorar nuestro entorno, lo que permitiría una vida más larga, productiva y agradable. Ya no es así. Uno de los cambios más llamativos de nuestra época digital ha sido la fuerte polarización entre tecnología y materialidad que se observa en todos los campos del quehacer humano, incluido el diseño.

De hecho, lo que mediaba entre la mente y la materia era una cierta autoridad jerárquica de la primera sobre la segunda: se creía que la capacidad humana de razonar, aprender y pensar era muy superior —¡y más deseable!— a la innoble ineficacia de los cuerpos materiales, que parecían no hacer más que entorpecer las inmensas capacidades de los humanos para desarrollarse. Esta característica exclusivamente humana se convirtió en el fundamento de la ciencia, el conocimiento, la tecnología y el progreso. El potencial de un dominio pleno sobre la naturaleza y la materia estableció un nuevo estándar para la humanidad que dio lugar a avances en la medicina y la salud, los edificios y las ciudades, el dinero y el capitalismo, junto con todos los demás aspectos del desarrollo humano.

Las tecnologías digitales son el resultado natural de varios siglos de creencia en las matemáticas, la lógica y la construcción de máquinas para domar las fuerzas naturales y hacerlas trabajar en nuestro favor. Es decir, la encarnación de la racionalidad tomando el control de los procesos naturales y físicos. En cierto modo, las tecnologías digitales son el último paso en la búsqueda de la racionalidad absoluta, y la inteligencia artificial es una más de estas posibilidades: máquinas que piensan, que controlan la materia, la última maravilla, la mente encarnada en una máquina material.

El proceso de diseño se ayuda de la tecnología.
Añadir capas de complejidad al proceso de diseño. EINA Bosc, Barcelona, 2022. Foto © Natàlia Cornudella

Es indudable que las tecnologías digitales han transformado por completo el panorama arquitectónico, introduciendo nuevas formas de representación y comunicación, e incluso de interacción con los edificios. Pero, ¿son reales todos estos sueños? ¿Podemos dominar la naturaleza únicamente con nuestras mentes? ¿Son nuestros cuerpos sólo un vehículo para estas maravillas de la naturaleza? ¿Es la propia naturaleza sólo «materia» para que la moldeemos?

Tras múltiples crisis económicas, medioambientales, políticas y de abastecimiento, el camino está allanado para los enormes desafíos globales que nos sitúan, al igual que al resto del mundo natural, al borde de la extinción: superpoblación, escasez material, cambio climático. Con ellos, nuestra fe en la racionalidad empieza a desvanecerse, y la ley del péndulo se aplica con fuerza: somos testigos de una vuelta a los sentidos, de un nuevo equilibrio en los pesos relativos entre mente y materia («alma» y «cuerpo»), y de una creciente necesidad de replantear la experiencia y la memoria. Curiosamente, han sido la ciencia y la tecnología las que nos han ayudado a darnos cuenta de que la mente y el cuerpo están profundamente interrelacionados y funcionan como uno solo.

La gran pregunta es: ¿Cómo conocemos? ¿Cómo nos movemos por el mundo, viviéndolo y experimentándolo? ¿Con los sentidos, con la mente o con ambos?

La comprensión de que el cuerpo y la mente forman un todo inseparable, que va mucho más allá de las ideas y los procesos, lo está cambiando todo. En efecto, este complejo cuerpo-mente es el locus de la racionalidad, pero también está regido por las emociones, por la experiencia, por los recuerdos… En conjunto, estos fenómenos constituyen un camino más poderoso para comprender mejor cómo transformar la manera de plantearnos las cosas.

La comprensión actual del «saber», con una mayor riqueza que antes, va más allá del conocimiento abstracto aprendido de los libros. Con gran utilidad, estamos descubriendo que es posible aprender a través de la «acción» y la «experiencia». Hay un conocimiento significativo y tácito detrás de lo que hacemos con nuestro cuerpo, e incluso detrás de lo que hacemos por nuestros iguales, en nuestra comunidad. Nuestras habilidades, nuestras emociones, complementan el conocimiento analítico de nuestras mentes, interactuando de manera compleja para crear formas mucho más poderosas de comprender y de movernos por el mundo. Nuestras mentes, nuestros cerebros, son capaces de adaptarse, transformándose literalmente sobre la marcha, manteniendo las huellas de todas las experiencias pasadas y, por tanto, encarnando físicamente la memoria. Una conexión más entre la physis y la idea.

La tecnología de construcción tradicional se revaloriza.
Se están revalorizando y utilizando materiales y métodos de construcción tradicionales. EINA Bosc, Barcelona, 2022. Foto © Natàlia Cornudella

Como consecuencia de esto, los arquitectos, diseñadores y otros profesionales están retornando lentamente a la experiencia artesanal y práctica, como una forma de acercarse a la materialidad y romper la brecha, pero también en un esfuerzo por rechazar el consumismo y contrarrestar este distanciamiento del mundo «real». Ellos están complementando las construcciones teóricas con nuevos enfoques: estableciendo nuevas y más estrechas relaciones con los clientes y participando en metodologías colaborativas y comunitarias. Investigan las formas tradicionales de construcción y el reciclaje de materiales viejos y usados como formas de recuperar el saber antiguo y perdido y crear vínculos más fuertes con el pasado.

Curiosamente, esta tendencia no es en absoluto un retroceso a la nostalgia, ni un abandono del progreso y la inteligencia. Al contrario, propone una estrategia de «parar y volver a empezar», añadiendo nuevas capas y complejidad al proceso de diseño. La tecnología está y estará presente; el progreso es y será el objetivo, pero entendido dentro de una nueva sensibilidad. Se añaden la emoción y la materialidad, pero mostrando respeto por los demás y por la naturaleza, dando un paso adelante, esperando sentar las bases para la preservación del planeta y de nosotros mismos.

Imagen principal: Cada vez con mayor frecuencia, los arquitectos y diseñadores reciclan y restauran los espacios existentes para darles nuevos usos, EINA Bosc, Barcelona, 2022. Foto © Natàlia Cornudella

Suscríbete a la newsletter