La influencia de los juguetes en nuestra visión del mundo

Además de crear piezas bellas, el diseño para niños expresa nuestros valores, creencias y deseos para el futuro

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Si bien el diseño para niños ha sido ninguneado durante largo tiempo, nos dice mucho sobre cómo nos definimos y en quiénes aspiramos a convertirnos. Una mirada al siglo XX nos revela que los niños han sido utilizados repetidamente como una fuente importante de renovación social y estética y como modelos del ciudadano del mañana. A principios de siglo, las mejoras en las leyes reguladoras del trabajo infantil proporcionaron a los niños más tiempo para jugar y despertaron el interés por saber cómo satisfacer sus necesidades. De la misma forma, tras la Segunda Guerra Mundial, la posición del niño dentro de la nueva ciudad moderna se convirtió en parte importante (y edificante) de los esfuerzos de reconstrucción en Europa y en otros lugares. De hecho, gran parte de la historia del diseño del siglo XX muestra su evolución a través de la producción para niños.

«Los juguetes no son tan inocentes como parecen», afirmaba el vanguardista diseñador de mediados de siglo, Charles Eames. «Los juguetes y los juegos son el preludio de las ideas serias». Los objetos que rodean a los niños son una pieza central de su experiencia y percepción del mundo. Frank Lloyd Wright afirmaba que los bloques de madera con los que jugaba en el jardín de infancia provocaron su desarrollo posterior como arquitecto. De la misma forma, el famoso futurista y visionario del siglo XX, Buckminster Fuller, se inspiró en las estructuras de guisantes y palillos que construía en su niñez para crear la cúpula geodésica.

Muchos de los diseñadores más famosos del siglo XX centraron su atención en los más pequeños. Gerrit Rietveld, Charles y Ray Eames, Marcel Breuer, Jean Prouvé, Alvar Aalto, Philippe Starck, Marc Newson, Kengo Kuma y Marcel Wanders crearon diseños excepcionales para niños. Del mismo modo, el campo del diseño está salpicado de nombres menos conocidos que merecen un mayor reconocimiento. Un ejemplo sería el maravilloso y extravagante diseñador checo Libuše Niklova, cuyos juguetes de plástico de los años 70 modificaron la percepción de un material considerado novedoso en aquel momento. O el diseñador gráfico Fredun Shapur, creador de juguetes entre las décadas de los 60 y 80 que supusieron un desafío a la voluntad del niño a la vez que apelaban al gusto estético de sus padres. Tampoco podemos olvidar la extraordinaria colección de animales de madera de Kay Bojesen, un platero danés cuyas piezas de mediados de siglo se han convertido en iconos nacionales y son los accesorios favoritos de niños y adultos por igual. Existe un abanico de diseños extraordinarios por descubrir más allá de la estridencia de los productos de las grandes cadenas de jugueterías.

Design for children: ‘Monkey’, a toy design by Kay Bojesen
Mono, 1951, Kay Bojesen, Kay Bojesen Denmark. Imagen © Kay Bojesen Denmark, New Images Credits

El papel central que juegan los objetos para niños en la narrativa del diseño es también evidente en el rol que el mobiliario y los productos infantiles han jugado como campo de pruebas para prototipos y avances tecnológicos, aunque a menor escala. La silla Eames para niños de 1944 marcó el primer intento de la pareja de fabricar sus icónicos muebles de madera contrachapada a gran escala. De este modo se allanó el camino para las omnipresentes butacas que les hicieron famosos. Veinte años después, Marco Zanuso y Richard Sapper revolucionarían de nuevo el diseño de sillas con el modelo K 1340 para niños, la primera pieza de mobiliario fabricada íntegramente en plástico moldeado por inyección. Producida por Kartell, esta silla ligera, duradera y fácil de limpiar fue uno de los primeros diseños que logró que el público en general considerara el plástico como un material apropiado para el hogar moderno.

Considerar el diseño para niños como algo edulcorado o frívolo es ignorar su gran potencial y poder. Como los niños son a menudo el nexo con nuestra visión futura del mundo, los entornos y objetos que diseñamos para ellos, y los cambios que sufren a lo largo del tiempo, se convierten en poderosos marcadores de nuestros valores en evolución. En un mundo que no cesa de transformarse, ¿cómo estamos preparando a nuestros niños para un futuro que no podemos predecir?

Design for children: a child’s chair, by Charles and Ray Eames
Silla para niños, hacia 1944, Charles Eames y Ray Eames, Evans Products Company. Imagen © Vitra Design Museum Edition © PhotoVitra

En la temporada actual de la serie de documentales de Neflix “Abstract: The Art of Design”, podemos ver a Cas Holman —diseñadora, educadora y creadora de juguetes— planteándose esta misma cuestión. Sus premiadas «herramientas para la imaginación», tal como las describe Holman, están cuidadosamente elaboradas y son interactivas, neutras en lo referente al género y sin restricciones. Rigamajig, una de sus creaciones con más éxito, es un kit de construcción de madera a gran escala que ella define como «una pila de escombros con pretensiones». Aunque se vende sin instrucciones, el peso y el tamaño de sus tablones de madera, sus ruedas y poleas animan a los niños a colaborar mientras construyen. «La razón por la que diseño para niños es que diseño para personas», declara Holman. «Los buenos juguetes crean buenas personas».

Holman aprecia una correlación entre la manera en que educamos a nuestros hijos y las opciones de juego que les rodean. Nuestra cultura de aprendizaje valora las respuestas correctas por encima de la investigación y la imaginación y motiva a los niños a buscar experiencias similares en el juego. Esto favorece la aparición de juguetes con instrucciones, reglas y condiciones específicas para lograr un resultado.

La tecnología digital y los juegos reafirman nuestro deseo de motivación extrínseca y recompensas inmediatas. Pero ¿puede este tipo de pensamiento sernos útil a largo plazo? ¿Prepara a los niños para pensar de forma dinámica y buscar sus propias soluciones? «Veo que mi papel en el mercado pasa por intentar aportar un contrapeso a lo que la industria juguetera ofrece a los niños», declara Holman. Los esfuerzos de Holman —y la decisión de Netflix de presentarla como una de los seis diseñadores en su segunda temporada— son pasos en la dirección correcta. Ha llegado el momento de arrojar luz sobre el diseño para niños y tratarlo con la importancia que merece. El diseño del mundo futuro comienza con el diseño meditado de los objetos que moldearán las mentes del mañana.

Imagen principal: Cavalcade, 2015, Luca Boscardin, Studio Bluc. Imagen © Studio Bluc

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