La evolución del consumo de la arquitectura

Vivir las ciudades a través de su arquitectura, desde edificios icónicos a formatos digitales emergentes

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Cuando el Museo Guggenheim, obra de Frank Gehry, abrió sus puertas en Bilbao en 1997, los expertos en diseño acudieron en manada a esta ciudad industrial del norte del país, ampliamente ignorada hasta ese momento. Revestido de una coraza de pétalos de titanio que se transforma con la luz, este edificio permitió a la ciudad reinventarse como destino turístico de primer nivel. Por todo el mundo, multitud de ciudades de segundo rango se unieron a esta corriente, construyendo estructuras icónicas con la intención de atraer a las masas.

Se trata de una estrategia extremadamente efectiva a la hora de dotar de mayor atractivo a un determinado lugar y en los últimos años un número creciente de urbanistas, arquitectos, diseñadores y artistas han redoblado sus esfuerzos para integrar su trabajo en el ámbito comunitario. La deslumbrante plataforma de saltos de esquí en Innsbruck, Austria, fue proyectada por Zaha Hadid para uso y disfrute de todo tipo de usuarios, no solo los saltadores profesionales, mientras que la Helios House de Nader Tehrani —una espectacular estructura sostenible en Los Ángeles, con un cierto aire espacial— es, de hecho, una gasolinera ARCOS, aunque con paneles solares y una cubierta vegetal. «Nuestra obra gira en torno a la translación y la meditación», explica en un artículo en Architect Magazine.

Nuevos formatos para experimentar la arquitectura

Al mismo tiempo, las mentes creativas del arte, la música y la literatura están utilizando la arquitectura existente, tanto si se trata de ruinas romanas como de aeropuertos de última generación, como elemento esencial para mejorar nuestra experiencia en eventos culturales. Derek Barbolla, un parisino de 29 años, comenzó a explorar nuevas oportunidades en el terreno digital al fundar Cercle en 2016 —un grupo multimedia que fusiona la música electrónica “atemporal” con paisajes o arquitectura de interés cultural o histórica. El venerado DJ británico Fatboy Slim pinchó en la torre de observación British Airways i360 en Brighton; el DJ francés Møme se adueñó de una remota aldea flotante en Tahití; y el DJ sudafricano Black Coffee actuó en el histórico auditorio Salle Wagram en París, construido en 1865, todos ellos con gran éxito de crítica.

Charles Jencks, en su artículo en The Architectural Review en mayo de 2013 describió la arquitectura como “música congelada”, y de alguna manera lo que Cercle está haciendo es “descongelarla” para lograr que estas estructuras icónicas y estos paisajes únicos sean accesibles a todos. Desde el templo precristiano de Garni en Armenia o el Intrepid Sea, Air & Space Museum en Nueva York, a las etéreas salinas del Salar de Ayuni en Bolivia y el Pan de Azúcar en Río de Janeiro, el grupo tiene un objetivo bien definido: crear un diálogo entre el artista, el lugar y el público.

Estos eventos semanales se retransmiten cada lunes vía streaming a través del canal de YouTube de Cercle, lo cual, en palabras de Barbolla en la página web de Domus, «permite que los espectadores “visiten” lugares desconocidos realzados por un marco de música contemporánea que permite a las nuevas generaciones sumergirse de nuevo en la cultura a través de las redes sociales».

Transmitiendo ideas de ocio y naturaleza

Como consumidores, esto nos ayuda a relacionarnos de una forma más emocional con los edificios y representa un nuevo género de experimentalismo en la arquitectura moderna del siglo XXI. Por ejemplo, en Australia, el Plan de Ordenación Urbana de Melbourne determinó que, con la ayuda de las tecnologías digitales, los nuevos edificios podrían ser utilizados de manera más lúdica. Trabajaron conjuntamente con el Instituto de Meteorología para convertir el edificio residencial Light House en un predictor del tiempo. Su fachada proporciona pronósticos del tiempo desde el amanecer hasta la medianoche utilizando una serie de luces que van desde los colores rosas y rojos evocadores del sol a las gotas de agua plateadas que caen en cascada por el edificio. Se ha convertido en una parte esencial del paisaje urbano de la ciudad, no solo por sus sorprendentes proporciones y avanzada tecnología, sino también por su papel social: los habitantes de Melbourne se caracterizan por estar tan obsesionados por el tiempo como los británicos; por ello, el edificio Light House les hace sonreír.

Arquitectura moderna Light House diseñado por Hengyi en Melbourne
Light House, edificio diseñado por Hengyi, realiza una previsión del tiempo en tiempo real desde el amanecer hasta la medianoche. El artista Bruce Ramus opina que su diseño de luces está inspirado en la obsesión de los habitantes de Melbourne con el tiempo. Imagen Victoria Harbour

El tiempo también inspiró al escultor británico Anish Kapoor en su proyecto Cloud Gate en Chicago. La estructura con forma de vaina, diseñada para asemejarse al mercurio líquido, domina el Millenium Park, proporcionando una nueva perspectiva del perfil de la ciudad y del cielo que la cubre, a medida que los visitantes se mueven bajo su estructura y alrededor de ella. Un recordatorio de que, a pesar de lo urbano que sea nuestro entorno, la naturaleza está siempre presente. Y en Shibuya, Tokio, se encuentra en construcción la visión que el arquitecto Koichi Takada tiene de un rascacielos como jardín vertical zen, con el objetivo de «crear lugares más orgánicos y beneficiosos para la experiencia de las personas».

La posibilidad de conectar con nuestro entorno edificado es la clave del paisaje urbano del siglo XXI. La cultura y la interacción social son esenciales a la hora de experimentar nuestro entorno, lo cual, a su vez, influye sobre nuestros sentimientos acerca del espacio y nos proporciona un sentido más profundo del mismo. Las tecnologías emergentes y las nuevas formas de pensar que desafían el statu quo permiten a los arquitectos y a los consumidores de arquitectura moderna entrar en un nuevo universo de posibilidades. Disfrutar de la estética de una estructura ya no es un acto pasivo, más bien se trata de un mensaje dinámico e inclusivo con el poder de transcender el tiempo y el espacio.

Imagen principal: El DJ Fatboy Slim actuando a más de 130 metros sobre la playa, en la torre de observación British Airways i360. Imagen: Jake Davis (fb.com/hungryvisuals)

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