Salud y bienestar en el diseño

¿Nos estamos planteando correctamente la relación entre diseño y bienestar?

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La interacción entre el bienestar y el diseño es un tema candente desde hace tiempo. Nuestra experiencia vital durante la pandemia ha puesto esta relación en el punto de mira y ha redefinido el discurso en torno a ella. Los espacios que normalmente asociamos a la salud y el bienestar son los hospitales y las clínicas, lugares para atendernos cuando estamos enfermos o necesitados de cuidados específicos. En realidad, la salud y el bienestar en el diseño están concebidos para mantenernos sanos. Es más, ¡para mantenernos alejados de esos lugares!

Tras los últimos dos años, muchos de nosotros probablemente asociamos salud y bienestar a factores como el contagio y la infección, la carga viral, la efectividad de la vacuna y otros aspectos similares. Todas son variables importantes en el proceso de planificar y diseñar un espacio, un proceso que ha sido sometido a un intenso escrutinio y ha dado lugar a nuevas prácticas y políticas que probablemente permanezcan en un futuro inmediato.  Sin embargo, a medida que evaluamos la factura que el COVID ha pasado a nuestro bienestar global, más allá del trágico número de hospitalizaciones y fallecimientos, emerge un panorama muy diferente.

Tradicionalmente, la atención se ha centrado en la salud física ya que es más fácil identificar métricas y reglas, denominados «hard data» (datos concretos y cuantificables), para proteger este aspecto de nuestro bienestar. Pero el diseño de espacios que nos hagan sentir bien holísticamente va mucho más allá. Solo recientemente hemos comenzado a incluir la salud mental, que se ocupa de cómo nuestra salud emocional, psicosomática y las consecuencias de factores físicos pueden afectar a nuestra mente. Aquí empezamos a adentrarnos en el terreno de los «soft data» (datos basados en opiniones o sentimientos), donde las correlaciones causales son más difíciles de probar y, por nombrar sólo algunos elementos, el diseño centrado en el bienestar implica la iluminación, los materiales, la calidad del aire y el sonido, las estudiadas paletas de colores, el diseño biofílico (que conecta a la arquitectura y la naturaleza), la vegetación y la integración entre los espacios interiores y exteriores.

Una casa en la Toscana con un diseño que tiene en cuenta el bienestar.
Villa en Toscana, Manciano, Italia, 2019, EFM Design y Pietro Todeschini. Foto © Simone Bossi

Una visión holística de la salud en el hogar y en el lugar de trabajo

La calidad de nuestros espacios tiene importantes consecuencias sobre nuestro bienestar individual y el desajuste entre las necesidades y el rendimiento ha contribuido a un aumento del estrés. Aunque ciertamente no ha sido el único factor que ha contribuido, varios proyectos de investigación y encuestas realizados en los EE.UU. han constatado que el número de casos de depresión ha aumentado en todo el mundo después de 2019, especialmente entre la población de bajos ingresos y las generaciones más jóvenes, que declararon sufrir de «insuficiencia de espacio» más que ningún otro grupo. Estudios similares han mostrado los mismos resultados en todo el mundo.

La pandemia nos obligó a utilizar nuestros hogares como oficinas y la continua superposición de espacios donde vivimos y trabajamos definirá la evolución de los escenarios de trabajo híbridos, un fenómeno que está destinado a permanecer. Los hogares seguirán siendo segundas oficinas y requerirán de una serie de nuevos atributos.

Por otro lado, a medida que las empresas intentan atraernos de nuevo a la oficina, se están planteando cómo lograr que el lugar de trabajo sea un espacio atractivo y cómo la oficina puede pasar de ser un lugar donde se realiza un determinado trabajo a un espacio que verdaderamente represente el núcleo de la cultura de la empresa. Es decir, un lugar que fomente el enriquecimiento personal de los empleados a través de la transferencia de conocimiento, la formación y el apoyo de los círculos sociales, así como la incorporación de elementos estudiados del diseño residencial y de la hostelería que logran que un espacio sea atractivo. Como siempre, el diseño y la política tendrán que reintegrarse para volver a imaginar un uso del espacio que sea eficiente y garantice el bienestar físico y emocional.

Plantear las preguntas correctas

En general, nunca se había cuestionado nuestro modelo universal de espacios diferentes y separados para vivir y trabajar, pero dista mucho de ser una solución ideal y desde luego, no es válida para todo el mundo. La pandemia nos ha obligado a analizar a fondo cómo hemos estado estructurando nuestras vidas y nos ha permitido plantear preguntas que antes nadie quería hacer porque las respuestas parecían muy complicadas. Pero la reticencia general al retorno a la oficina a tiempo completo, de acuerdo con cualquier encuesta realizada a un espectro de empresas, desde las inmobiliarias hasta las administraciones públicas, pasando por las consultoras y las propias corporaciones, muestran una preferencia abrumadora por el modelo híbrido.

Si pensamos en nuestra vida «normal» previa a la pandemia, existían numerosas ineficiencias en nuestras rutinas que no habían sido abordadas, como los largos desplazamientos para realizar un trabajo que no requiere la proximidad de otros compañeros o la continua disminución de los metros cuadrados asignados a cada persona para ahorrar costes inmobiliarios, con consecuencias negativas para la salud mental y la productividad. Mirando atrás, vemos que estos espacios podían haber sido diseñados de forma diferente para una plantilla mixta y diferentes tipos de actividades desde el principio.

Los diseños textiles también pueden mejorar el bienestar.
Diseño textil para Momentum, 2018, EFM Design. Foto cortesía EFM Design

Sobre la belleza

El popular dicho «si no puedes medirlo no puedes gestionarlo» es bastante corto de miras. Aborda el lado cuantificable de cualquier cuestión, ignorando gran cantidad de información que proviene del «lado izquierdo del cerebro». Aquí el diseño puede mostrar su fuerza como disciplina a caballo entre el arte y la ciencia, entre el lado izquierdo y el derecho de nuestro cerebro, entre la lógica y la emoción.

Para terminar, algunas palabras de apoyo a la «belleza», un término tan voluble. En palabras de Le Corbusier, «la belleza es lo superfluo que resulta esencial para el espíritu humano». Difícil de definir, todos la reconocemos cuando la vemos. A menudo se considera un lujo, pero yo prefiero seguir viéndola como una reflexión sobre las soluciones de diseño que se basan en la empatía y generan bienestar.

Imagen principal: Interior de un espacio en Nueva York, Ludlow Library, EFM Design, 2015. Foto © Genevieve Garruppo

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