Juego libre en el Valle de la Bekaa

Las posibilidades disruptivas de los parques infantiles en el contexto de fragilidad de los campos de refugiados

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La guerra civil en Siria y los refugiados en el Líbano

Desde su inicio, en marzo de 2011, la guerra civil en Siria ha provocado la emigración forzosa de al menos seis millones de personas, para muchas de las cuales el vecino Líbano se ha convertido en su primer refugio. Sin embargo, el hecho de que el Líbano no reconozca el estatuto internacional de los refugiados ha forzado a los migrantes a buscar cobijo en lo que se conocen como Asentamientos Informales de Tiendas de Campaña (ITS, en sus siglas en inglés). Según el Sector de Coordinación Interagencial para el Líbano de ACNUR, Bar Elias —uno de los principales centros del valle de la Bekaa, un fértil núcleo de producción agrícola situado en una llanura que discurre de norte a sur entre Beirut y Damasco—tiene en la actualidad una población estimada de unas 100.000 personas, un tercio de las cuales son refugiados. Las estadísticas lo describen como uno de los lugares más vulnerables del Líbano, debido a la gran presencia de sirios y a su falta generalizada de acceso a los servicios básicos y a oportunidades de subsistencia. La transformación socioeconómica provocada por la economía de los refugiados y la inestabilidad fronteriza ha cambiado radicalmente el paisaje físico y productivo de la región.

Niños y escuelas

Desde el principio, tanto las agencias internacionales como las ONG y los activistas locales tuvieron claro que la atención a los niños refugiados se convertiría en un imperativo apremiante y duradero. De hecho, por entonces, el ministerio libanés de educación todavía no había dado acceso a las escuelas públicas a los niños sirios, lo que produjo una urgente necesidad de prácticamente cualquier tipo de infraestructura o apoyo educativo. Actualmente, ocho años después del comienzo de las hostilidades, la primera generación de niños sirios nacidos en el Líbano es cada vez más numerosa y supera en número a los niños libaneses.

Vista exterior de la escuela Jarahieh de CatalyticAction en el campo de refugiados de Al Marj, en el Líbano. Foto © Tomà Berlanda

Entre los numerosos actores que intervienen en las actividades de socorro y ayuda, el Centro para el compromiso cívico y el servicio comunitario (CCECS, en sus siglas en inglés)

de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Americana de Beirut conceptualizó y construyó, en 2015, las escuelas de Ghata (Ghata significa ‘cubierta’ en árabe). Se trata de estructuras portátiles que proveen de infraestructuras de educación primaria al valle de Bekaa. Es en una de ellas, en Bar Elias, donde CatalyticAction, una organización benéfica fundada por una arquitecta libanesa y dos arquitectos italianos, y registrada en el Reino Unido, comenzó a colaborar en 2015 suministrando parques infantiles de recreo.

El papel de los patios de recreo

Es bien sabido que las escuelas no son solo un conjunto de aulas, sino que la experiencia lúdica es, a todas las edades y en todas las culturas, un componente fundamental de cualquier planteamiento educativo o pedagógico. Jugar es tanto un fenómeno universal como un derecho fundamental de la infancia. En medio de un clima duro y del entorno hostil de un país extraño, el patio de la escuela se convierte en un lugar seguro, un oasis donde los niños refugiados, sus educadores y sus padres pueden plantar y nutrir la semilla esperanzada de un futuro diferente y mejor. Con el fin de cumplir su papel de proporcionar un entorno que permita alimentar la esperanza entre las comunidades de migrantes, minimizando las experiencias traumáticas y facilitando un proyecto pedagógico que ofrezca la mejor educación integral posible, los patios de recreo también necesitan recursos espaciales que estimulen a los niños física y mentalmente.

A view of the courtyard of a school in a settlement for refugees in Lebanon
Vista del patio de recreo de la escuela Jarahieh de CatalyticAction en el campo de refugiados de Al Marj, en el Líbano. Foto © Tomà Berlanda

Mediante una secuencia de estructuras realizadas desde 2015 hasta la actualidad, CatalyticAction ha desarrollado diversas intervenciones de diseño que exploran lo que puede servir como infraestructura de un parque infantil, experimentando con toda una serie de artefactos, materiales y habilidades que «alteren» la grisura y dureza del entorno circundante. Para lograr este objetivo y al tiempo aumentar la resiliencia, el diseño y el proceso de construcción desarrollado, CatalyticAction implica la planificación participativa con las partes interesadas e involucra a la comunidad en la fase de construcción.

A playground in a settlement for refugees in Lebanon
Patio de recreo de CatalyticAction en Ibtesaam, Bar Elias, el Líbano. Foto © Tomà Berlanda

Estructuras abiertas

Lo que relaciona las distintas intervenciones espaciales adaptadas a los niños es su enfoque de «estructura más revestimiento”. Todas ellas están concebidas como estructuras abiertas, en diferentes materiales, que permiten a los educadores y usuarios personalizarlas casi por completo. Si la primera, el parque de Ibtesaam en Bar Elias, de 2015, es una estructura modular de madera con anclajes metálicos; el parque de Basma, que se terminó en Ghazze en 2017, recurre al metal como material en su totalidad. Una gran estructura tubular de acero serpentea por todo el parque infantil, ofreciendo una amplia gama de posibilidades para que los niños puedan trepar, columpiarse o esconderse, debajo o encima de la estructura. La preservación del material, de origen local y de tecnología relativamente baja, es fácil y el uso del color aporta instantáneamente vitalidad y alegría al árido paisaje en el que se encuentran confinados los niños. Este es también el hilo conductor de un tercer parque infantil diseñado por CatalyticAction en el valle de la Bekaa, el de Fursa en Jeb Janine, datado de 2016, y en la escuela Jarahieh en Al-Marj, que es quizás su proyecto más conocido hasta la fecha.

Éxitos y fracasos del diseño

Hay un riesgo inherente a la hora de trabajar en entornos tan volátiles y difíciles. Se podría argumentar que la prueba de la validez del proceso participativo de resiliencia comunitaria de CatalyticAction es que su enfoque está siendo formalmente replicado por otros.

A playground in Bar Elias designed for refugees in Lebanon
Parque infantil en Bar Elias, Líbano, de la Boston Society of Architects Syria Initiative junto con la fundación Karam. Foto © Tomà Berlanda

Pero este enfoque puede producir resultados dispares. Por una parte, va ligado al método de su puesta en práctica y proceso de entrega. De hecho, la implicación con el desarrollo de las iniciativas humanitarias que operan a distancia no siempre permite llevar a cabo su seguimiento una vez finalizado el proyecto. Ello se pone en evidencia en el triste fracaso del parque infantil diseñado por la Boston Society of Architects’ Syria Initiative junto con la fundación Karam. Estéticamente similar en apariencia al de Ibtesaam, la deficiente elección de los materiales ha llevado a la estructura a un estado lastimoso.

Por otro lado, la ONG Je Veux Jouer, que literalmente copió algunas de las soluciones del diseño técnico de CatalyticAction en el campo de refugiados de Ariha en Siria, donde encontraron materiales y personal especializado similares, parece haber logrado un resultado más satisfactorio. Teniendo en cuenta el limbo legal y la falta de integración que continúan sufriendo los niños sirios —y todos los refugiados—, solo cabe esperar que el potencial de estas estructuras de parques infantiles simples y duraderas ofrezca a la fragilidad y vulnerabilidad cierta resistencia frente a una injusta hostilidad.

Imagen principal: Parque infantil de Basma en Ghazze, en el Líbano, diseñado por CatalyticAction. Foto © Tomà Berlanda

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