El paraíso del plástico

Solo un cambio de mentalidad puede salvarnos de nuestra dependencia del plástico

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El mundo en el que vivimos hoy en día está determinado por un material, el plástico. El plástico está por todas partes; está en la ropa y el calzado que llevamos, las sillas en las que nos sentamos, el suelo que pisamos y las ruedas sobre las que nos movemos.

El plástico se inventó en 1907 como una alternativa barata al marfil, de alto precio. Desde entonces, la imagen de asequibilidad del plástico no ha cambiado, pero se utiliza en todos sitios. Su uso se ha extendido en aplicaciones tan importantes como la sanidad, donde su valor es irremplazable.

Al mismo tiempo, el plástico es un problema enorme. Es un producto de la industria petroquímica, que es responsable del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo. Todos hemos visto imágenes de animales atrapados en fragmentos de plástico y todos estamos al tanto de la sopa de plástico que llena nuestros océanos. El plástico se encuentra en la sangre del 90% de la población mundial, está en el agua que bebemos e incluso se ha encontrado en 7 de cada 10 placentas, causando todo tipo de malformaciones en los no nacidos.

Ha llegado el momento de dar por finalizada nuestra adicción al plástico y buscar alternativas

La industrialización nos ha proporcionado muchas cosas buenas. La prosperidad ha aumentado y en el mundo occidental casi todos tienen de todo. Pero ahora estamos pagando el precio de esta necesidad descontrolada de consumo, donde la cantidad gana a la calidad. Vivimos en un mundo en el que la cadena de restaurantes de mayor éxito no tiene ningún chef en plantilla y donde los ciclos de vida de los productos se reducen cada día. Si queremos que nuestros hijos crezcan en un mundo donde podamos vivir confortablemente, debemos modificar nuestro comportamiento de inmediato. No será fácil, pero es posible.

Imaginemos el mundo antes de 1907. Las personas vestían prendas de lino y lana y calzaban zapatos de piel. Se sentaban en sillas de madera y cocinaban con utensilios de metal. Bebían en tazas de porcelana y los vasos eran de auténtico cristal. En aquella época los materiales envejecían bien y eran disfrutados por diferentes generaciones. Provenían de una fuente natural y renovable y estaban fabricados con atención y cuidado. A mí todo esto me parece mucho más idílico y rico que el mundo en el que vivimos hoy en día. No estoy diciendo que debamos volver a este periodo histórico, pero desde luego deberíamos aprender de él.

El plástico está presente en casi cualquier espacio de nuestra vida.
Asientos del aeropuerto de Schiphol, diseñados por Richard Hutten. Imagen Lensvelt Furniture

En mi propia experiencia como diseñador, la sostenibilidad es la prioridad número uno en cada proyecto que llevo a cabo. Recientemente he diseñado los asientos del aeropuerto de Schiphol. Durante décadas, la espuma plástica ha sido el único material utilizado como relleno de los asientos tapizados. Mi misión de lograr un producto más sostenible me llevó a concebir un diseño libre de plástico. El diseño de asientos tapizados sin utilizar plástico es uno de los mayores desafíos. Para solucionar este problema, estudié cómo se fabricaban los muebles tapizados antes de que se inventara el plástico. Descubrí que se utilizaban fibras naturales como el pelo de caballo y el látex natural. Para los asientos de Schiphol, utilicé pelo de coco, un material que hasta ahora era considerado un residuo.

Esta solución ofrece grandes ventajas frente al plástico. En primer lugar, es biodegradable, e incluso compostable, y por lo tanto es inofensivo cuando su ciclo de vida termina. Durante la fabricación de los asientos los trabajadores no necesitan utilizar mascaras para protegerse, ya que el material no es perjudicial para su salud. Los pasajeros también se benefician, ya que este material respira mucho mejor que el plástico.

Os preguntaréis por qué no se fabrican todos los asientos de esta manera. La respuesta es tan simple como triste: por un motivo económico. El costo inicial es más alto que si lo comparamos al de un asiento de plástico. Pero si nos fijamos en el ciclo de vida del producto y el costo total de propiedad, vemos que es más barato que el plástico puesto que el material es mucho más duradero. Al establecer el objetivo de fabricar un asiento libre de plástico, los fabricantes tienen mejores condiciones de trabajo, los usuarios están más cómodos, los propietarios ahorran dinero durante el ciclo de vida del producto y el mundo está menos contaminado. Una situación en la que todos ganan. Lo que necesitamos es un cambio de mentalidad. Necesitamos una visión a largo plazo para el planeta que nuestros hijos heredarán.

Un mundo libre de plásticos solo tendrá ganadores. Crisis climática o no, el mundo está mejor sin plástico. Si todas las cosas importantes de la vida no contienen plástico, ¿quién lo necesita?

Imagen principal: ¿Cuáles son las alternativas al plástico de uso cotidiano? Imagen Jasmin Sessler/Unsplash

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