Paisaje, naturaleza y movilidad

El Jardín Botánico y la nueva puerta a Barcelona desde el mar, haz y envés de la montaña de Montjuïc

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Cuando hablamos de movilidad nos referimos a una cuestión que solemos vincular a un modelo urbano que facilite la vida de las personas en las ciudades, mejorando los accesos y desplazamientos, siendo a la vez compatible con la sostenibilidad y el desarrollo económico de las mismas. En el caso de Barcelona, la ciudad se transformó para la celebración de los Juegos Olímpicos del 92, creando nuevas infraestructuras, construyendo nuevos espacios públicos y equipamientos o bien recuperando espacios en estado de abandono.

En el caso de la montaña de Montjuïc, además de las grandes estructuras deportivas como el Estadi Olímpic y el Palau Sant Jordi, se apostó por recuperar un espacio degradado que hasta ese momento funcionaba como vertedero para convertirlo en el Jardín Botánico de Barcelona, un espacio natural y cultural, sede también de un centro de investigación del CSIC y que en la actualidad reproduce la flora de los distintos «mediterráneos del mundo», zonas con climas similares al de Barcelona, como el sur de Australia, Suráfrica, California, la Cuenca del Mediterráneo (Occidental y Oriental), el Norte de África, las Islas Canarias y finalmente la zona central de Chile en el hemisferio Sur, lo que dota al jardín de una gran sostenibilidad por la similitud de adaptación de las floras escogidas.

En el Jardín Botánico se puede abordar el concepto de movilidad desde dos puntos de vista, uno que atiende los desplazamientos dentro del recinto del jardín y otro que plantea los distintos accesos desde el exterior.

El Jardín Botánico se planteó como una red de caminos que permite realizar diferentes itinerarios partiendo de múltiples puntos de inicio y llegada. Dicho trazado de caminos surgiría de la idea de acostar una malla triangular sobre el terreno que se iría adaptando a todos los accidentes, deshilachándose en los bordes y creciendo o menguando en superficie según la mayor o menor pendiente topográfica.

Jardín Botánico de Barcelona, una ciudad que sigue tratando de mejorar su movilidad.
Vista Jardín Botánico de Barcelona, 1989, Carlos Ferrater, Bet Figueras, José Luis Canosa/OAB. Foto © Alejo Bagué

El proyecto se constituye como un laberinto sin centro y su condición principal es la ausencia de escala. Ello permite trabajar a todas las escalas posibles, adaptándose a las condiciones del paisaje. Así, la misma idea de «mediterráneo» se mantiene desde la concepción general, la creación de los diversos fitoepisodios, la construcción de los transeptos o secciones de la naturaleza, la agrupación de especímenes o la ficha taxidérmica de cada planta. Existe un aparente desorden formal que en ocasiones se nos podría revelar como arbitrario, pero que finalmente nos conduce a la consecución de un orden científico. Este aspecto es el que permite circular por el recinto a modo de laberinto, sin una dirección predefinida, pero siempre desde una lógica científica.

En cuanto a los accesos desde el exterior,  el Jardín cuenta con una entrada principal en la calle Dr. Font i Quer y en la actualidad trabajamos en la creación de un nuevo acceso en la parte superior donde se encuentra el Instituto Botánico.

Con vistas a un futuro próximo, desde nuestro estudio OAB proponemos conectar directamente el Puerto de Barcelona con la montaña de Montjuïc, una Puerta a Barcelona desde el Mar que ayudaría a organizar la nueva movilidad de la montaña.

Con la vista puesta en el pasado, en los años 30, el Pla Macià, las propuestas del GATCPAC inducidas por el movimiento moderno y la visita de Le Corbusier a Barcelona constituyen una serie de ideas reflejadas en un gran diorama que pertenece al Colegio de Arquitectos de Catalunya.

Nuestro proyecto recoge algunos de estos conceptos y propone construir un elemento conector dotado de elevadores y una pasarela que enlace el Puerto y la Ronda Litoral pacificada,  recorrido que conduce a las puertas del Castillo de Montjuïc, en el punto en que la montaña del Morrot quiebra su geografía para orientarse hacia el sur.

Maqueta de un remontador, un sistema de movilidad y acceso en terrenos en pendiente.
Maqueta, Remuntador Morrot, Carlos Ferrater/OAB_Foto © Joan Guillamat

Este sistema permite a los posibles usuarios del Puerto de Barcelona (cruceros), a los servicios de transporte públicos de la Ronda Litoral así como también los que circulan por la carretera de Miramar, y a los usuarios que visiten el antiguo faro, acceder a un centro de interpretación del Morrot, «Rascahorizontes», con vista a las dos orientaciones. Todos ellos podrán ascender a través de unos grandes elevadores con capacidad para 100 personas, envueltos en un conjunto de grandes escaleras de caracol a la manera en que Bramante las diseñó para el Museo del Vaticano en Roma. Una pasarela final discurre entre la parte superior de la columna y el castillo.

Con el objeto de conseguir una óptima sostenibilidad y eficiencia del conjunto, la columna vertebral elevadora dispone de una piel captadora solar que a lo largo de su recorrido recoge la energía necesaria para su funcionamiento.

De esta forma unimos paisaje, naturaleza y movilidad, ya que el Jardín Botánico de Barcelona y el Rascahorizontes son el haz y el envés de la misma montaña.

Imagen principal: Vista Jardín Botánico de Barcelona, 2009, Carlos Ferrater, Bet Figueras, José Luis Canosa/OAB. Foto © Alejo Bagué

 

Mediterraneans of the World: Barcelona Botanical Garden

Proyecto y producción: Carlos Ferrater

Imágenes y vídeo: Joan Guillamat

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