Nuevas formas de vida

Nuestro hogar, un lugar de generación de alimentos, energía y agua

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Hoy es el 25 de abril de 2030. Mi nombre es Paul y junto con mi mujer, Mary, acabamos de terminar de plantar lechugas y tomates en el balcón de nuestra casa.

Esperamos que este año las temperaturas no sean tan extremas como las del verano pasado, pues las plantas necesitaron muchísima agua entonces y tuvimos que restringir las duchas en casa.

Hoy, con el huerto urbano en casa, ya habremos gastado los 200 litros que tenemos asignados. El contador que tenemos en el baño probablemente esté a cero. Es posible que podamos obtener cuatro o cinco litros adicionales con el agua que reciclemos hoy.

Nunca imaginamos que nuestro apartamento, que considerábamos un lugar para descansar, pudiera convertirse en un espacio para la generación de energía, el reciclaje y el cultivo de hortalizas. Esto es un motivo de gran satisfacción, aunque nos supone también un gran esfuerzo.

Todavía recuerdo cuando el gobierno aprobó la ley de cambio climático, que promovía la autogeneración de alimentos, energía y agua, así como los huertos y el reciclaje.

En su momento pensamos que sería muy difícil poner en práctica esta medida, pero solo cuatro años después, el 60% de la población en nuestra ciudad ya dispone de un huerto urbano en casa. Al principio fue un proceso lento, pero unos meses más tarde, se originó una especie de competición en toda la ciudad para ver quién tenía un huerto en la terraza o quién había instalado un sistema de reciclaje.  Adquirimos un cuarto de baño eficiente, y la demanda de este tipo de productos era tan alta que la empresa que los fabricaba tenía dificultades para atenderla. Afortunadamente, había empezado a producir estos productos muchos años antes, por lo que estaba preparada para satisfacer las necesidades de sus clientes.

Fuimos los primeros de nuestro edificio en hacerlo, pero incluso los más reticentes han comenzado a implementar estas medidas. Y ahora incluso compiten por ver quién ha obtenido los mejores tomates o los pimientos más grandes.

Todavía recuerdo a Mary comentando: «¿Cómo lo vamos a hacer si no tenemos ni tiempo ni espacio?»

La verdad es que, tras la pandemia de 2020–21, al trabajar ambos desde casa, dispusimos de más tiempo para hacer algo productivo. Nuestro hogar ha experimentado tantos cambios en los últimos diez años: el huerto en el balcón, el cuarto de baño que recicla y controla nuestra salud, las placas solares …

instalación placas solares
Instalación de placas solares. Imagen Bill Mead/Unsplash

La salud es otro ámbito que ha experimentado unos avances extraordinarios. Tras la pandemia, la digitalización y monitorización se impuso en todos los hogares. Compramos productos con sensores que miden la tensión arterial, analizan la orina y los niveles de oxígeno y proporcionan resultados semanales. Ahora podemos hablar con nuestro médico por videoconferencia utilizando el espejo del cuarto de baño. Todo tiene un porqué.

El agua ha sido el tema que más nos ha costado gestionar. Nunca imaginamos tener que controlar la cantidad de agua que usamos cada día. Al principio, hubo días en que nos quedamos sin agua y tuvimos que esperar al día siguiente. Nunca le habíamos prestado demasiada atención a esto y ahora somos capaces de hacer exactamente las mismas cosas, pero utilizando solo la mitad de lo que solíamos consumir. Es una cuestión de organización. No necesitamos darnos duchas interminables; no es necesario tirar de la cadena cada vez y podemos cerrar el grifo mientras nos cepillamos los dientes. Con estas pequeñas acciones somos capaces de disminuir nuestro consumo a la mitad.

Es cierto que los nuevos productos para el baño, con un consumo de agua muy bajo, tanto en el inodoro como en la ducha, nos han ayudado a controlar nuestro gasto.

Pero uno de los aspectos más interesantes ha sido la posibilidad de reciclar parte del agua que utilizamos. Esto nos ha permitido aumentar la cantidad de agua que tenemos asignada. Y así disponemos de agua suficiente para regar el huerto urbano durante todo el verano.

Además de reciclar, el inodoro también nos proporciona abono para el huerto. Separa la orina de las heces, las filtra y procesa, incorpora agua al tanque y en solo unos días transforma las heces en abono para el huerto.

Este año hemos abonado todo el huerto con lo que se ha transformado en los últimos cuatro meses. Nuestro huerto, con una superficie de solo seis metros cuadrados, nos proporcionará verduras suficientes para los dos durante todo el verano.

Visto con perspectiva, creo que somos más felices hoy de lo que lo éramos hace diez años. Somos más conscientes de que estamos haciendo algo bueno para el planeta y para nosotros. Y nuestro hogar contribuye a la creación de sistemas sostenibles. Ahora, más que nunca, formamos parte del todo.

Imagen principal: El cuidado del huerto casero. Imagen Priscilla Du Preez/Unsplash

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