De zonas de esparcimiento a amenazas públicas

Los lugares naturales donde preferimos vivir son los más vulnerables al cambio climático. ¿Qué papel puede jugar el diseño en su adaptación?

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Recientemente he acudido a un evento en el centro de San Francisco organizado por Greenbelt Alliance, una organización con 60 años de historia creada para limitar la expansión urbana en el área de la bahía (y apoyar el crecimiento inteligente). El evento pretendía contribuir a la búsqueda de una nueva misión para Greenbelt —la respuesta al rápido cambio climático y la crisis de vivienda y de infraestructura que experimenta la región— y realizar, a su vez, un examen de conciencia colectivo. La ponente invitada, Laurie Johnson, presidenta de Earthquake Engineering Research Institute (EERI), habló de la nueva estrategia regional del Plan para el área de la bahía y de cómo se está utilizando la evaluación de riesgos combinados (sísmicos, incendios forestales, inundaciones y aumento del nivel del mar) para fundamentar las decisiones sobre la ubicación de las futuras zonas residenciales. En su opinión, la ironía reside en las verdes laderas relacionadas con las fallas de San Andrés, Calaveras y Hayward, preservadas a través de una «ley de seguridad sísmica» que prohíbe la construcción de viviendas en esas zonas para evitar corrimientos de tierras. Pero en un clima con temperaturas en alza y tras la experiencia de la zona norte de California, con tres temporadas de incendios devastadores, estas enormes zonas verdes de esparcimiento se han convertido en una amenaza real para las comunidades adyacentes.

Se trata de un problema interesante al que se enfrentan los urbanistas de todo el planeta. Las reservas naturales, los ríos o las zonas costeras —todos ellos entornos junto a los que cualquier comunidad anhela vivir— serán con cada vez mayor frecuencia una amenaza para los medios de vida debido a su vulnerabilidad a los incendios, a las inundaciones y al aumento del nivel del mar, causados por un clima cambiante. Para nosotros, los australianos, este dilema ha sido el foco de atención durante los últimos meses, pero incluso antes de esta última oleada de incendios, se trata de un problema frente el que tendríamos que estar más preparados que otros en este paisaje extraño y a veces hostil. Desgraciadamente, nuestra reacción natural ha sido la de resistir al paisaje, en vez de intentar entenderlo mejor y adaptar nuestras comunidades y formas de vida para que sean resistentes a los choques y las tensiones.

Como profesionales, necesitamos sentarnos y reflexionar sobre el diseño resistente, esencial para adaptar nuestras comunidades a estas condiciones cambiantes. Sobre todo, porque los lugares donde muchas personas quieren seguir viviendo están en esa intersección con la naturaleza y es ahí donde la amenaza es mayor.

Nuestro trabajo reciente en el Resilient by Design Bay Area Challenge proporciona un caso de estudio sobre las amenazas que se ciernen sobre nuestras comunidades, en particular el aumento del nivel del mar, y el papel que el diseño puede jugar en ayudarlas a adaptarse. En los casi 650 kilómetros de costa existente alrededor de la bahía de San Francisco, muchas comunidades se agrupan alrededor de una costa que ha sido foco de atracción para el asentamiento humano durante miles de años. Estas comunidades de hoy en día también tienen conexiones culturales e históricas con la bahía, tanto a través del ocio como de la industria y la pesca. A lo largo de la costa encontramos plantas de tratamiento de aguas que depuran las aguas pluviales y residuales. Las zonas residenciales y las industriales también se han ido situando a lo largo de los muchos arroyos pequeños que serpentean hacia la costa. A medida que se ha incrementado el desarrollo urbanístico en los últimos 50 años, construyendo cada vez más cerca de la costa y de los riachuelos, sobre terrenos pantanosos y arroyos soterrados, las inundaciones se han convertido en un fenómeno usual y cada vez más devastador.

La topografía de la región determina que incluso las predicciones más conservadoras del aumento del nivel del mar muestran que estos hábitats a poca altitud se inundarán, y también lo harán muchos hábitats humanos. Las comunidades costeras a poca altitud construidas sobre los sedimentos de la bahía y de los arroyos son vulnerables a una triple amenaza: aumento del nivel del mar, mayores crecidas de los ríos (que no pueden desembocar en el mar) y licuefacción en caso de terremoto. Estas comunidades se han visto obligadas a estudiar formas de proteger sus tierras o adaptarse, y a menudo deben asumir los costes de este desafío regional y global. Tanto en Foster City como en Alviso, lo que nuestro estudio de estas comunidades reveló fue que el diseño de las necesidades de adaptación debe involucrar a los residentes en un proceso hiperlocal, aprovechando la corriente de diseño holístico a través de un modelo regional abierto para compartir las soluciones.

Los habitantes de las zonas residenciales del sur de San Francisco se reunieron en un espacio comunitario.
Los residentes de la zona sur de San Francisco se reunieron en el espacio comunitario que anteriormente ocupaba una entidad bancaria. Imagen © Hassell

Un equipo dirigido por Hassell trabajó con el condado de San Mateo y con la ciudad de San Francisco-Sur en un plan de adaptación prototípica para la pequeña comunidad costera conocida como «South City». El plan Resilient South City planteaba adaptaciones de la comunidad a corto y largo plazo a lo largo del arroyo Colma y de la línea costera de la bahía, así como de las partes interconectadas de la comunidad esenciales para gestionar el agua y fomentar la resistencia. Las propuestas incluidas en el plan fueron desarrolladas para ser compartidas con comunidades similares de toda la región, a través de un proceso diseñado para otorgar poderes a los miembros de la comunidad y destacar el potencial de un cambio positivo. El proyecto comenzó con el establecimiento de un escaparate comunitario temporal en un edificio vacío situado en la calle principal de la pequeña ciudad.

Más allá de la protección de la línea costera, la gestión holística del agua llega incluso a las colinas. El plan creaba oportunidades para transformar el corredor del arroyo con mejores accesos públicos y áreas de esparcimiento, así como las principales vías de drenaje que conectan más arriba con las escuelas locales. Permitía la transformación de las escuelas en centros para la comunidad y centros de respuesta a los desastres (captando, tratando y reutilizando el agua). E incluso alcanzaba la reserva montañosa sobre la ciudad, creando puntos clave para gestionar el agua, gestionar futuros peligros de incendio y proporcionaba acceso a zonas de esparcimiento.

Los vecinos de las zonas residenciales de San Francisco aportaron ideas sobre el diseño de South City.
Los residentes aportaban comentarios e ideas sobre el mapa de compromiso durante la fase de diseño. Imagen © Hassell

La adaptación al clima de las comunidades costeras requerirá la integración de infraestructuras grises y verdes, pero sobre todo requerirá infraestructuras sociales. La viabilidad a largo plazo de estas comunidades y zonas residenciales requiere que los diseñadores resuelvan la complicada tarea de proteger y preparar a las comunidades para los desastres intermitentes, además de mantener y reafirmar su relación con las zonas naturales adyacentes de esparcimiento dentro de su modo de vida diario. Serán necesarios diseños innovadores para equilibrar la doble función del paisaje como lugar de esparcimiento y como amenaza en un clima cambiante, pero al mismo tiempo es una oportunidad para corregir algunos errores.

Imagen principal: La cuenca Resilient South City incluye la zona sur de la ciudad de San Francisco y las ciudades de Colma, San Bruno y Daly City. Imagen © Hassell

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