Las Naciones Unidas evitan calladamente consecuencias existenciales

La Tercera Guerra Mundial y el cambio climático

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Tras siglos de continuas luchas entre países, la tecnología del siglo XX incrementó de forma exponencial la capacidad destructiva de la guerra. En 1914, una disputa territorial entre potencias europeas contagió a la mayor parte del mundo, y millones de soldados y civiles perdieron la vida en el conflicto. Tras la contienda, los europeos crearon un foro para evitar una nueva guerra mundial, la Liga de las Naciones. Por desgracia, en solo 20 años la Liga fracasó y las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial superaron incluso a las de la Gran Guerra. Cuando la Segunda Guerra Mundial tocaba a su fin, los EE.UU. utilizaron bombas atómicas, y el mensaje de cara al futuro quedó claro. La Tercera Guerra Mundial podía acabar con la civilización. Churchill y Roosevelt idearon una institución más sofisticada para gestionar la complejidad de la guerra de alta tecnología. En 1945, de las cenizas de Hiroshima, los 52 países existentes y sus colonias crearon las Naciones Unidas, que incluía un Consejo de Seguridad con la potestad de imponer sanciones económicas a aquellas naciones que libraran guerras sin el apoyo del Consejo. La ONU continúa enfrentándose a numerosos desafíos, como los planteados por los refugiados y el cambio climático. Pero las normas del Consejo han evitado hasta el momento la Tercera Guerra Mundial de forma discreta.

En el año 2000, en el 50 aniversario de su fundación, la ONU se vio obligada a afrontar el deterioro de sus envejecidas instalaciones. Dado que las propiedades de la ONU son consideradas territorio internacional, el complejo no había sido inspeccionado nunca por la ciudad de Nueva York y los fondos necesarios para su mantenimiento siempre se habían destinado a causas más prioritarias. Entre tanto, las 141 colonias se habían independizado, adquiriendo el estatus de naciones. Sin embargo, las instalaciones de la ONU se habían vuelto inseguras y casi disfuncionales. Era necesario sustituirlas o renovarlas para que cumplieran los códigos internacionales, reforzarlas estructuralmente para que fueran resistentes a las explosiones en esta nueva era del terrorismo y actualizarlas tecnológicamente para que funcionaran plenamente para 193 países. El debate sobre la reforma comenzó en el año 2000, centrado en determinar si era preferible reformar las instalaciones existentes o demolerlas y construir una nueva «afirmación arquitectónica». Se tomó la sabia decisión de reciclar los edificios basándose en el respeto por la preservación histórica y por la ONU. Pero, visto en retrospectiva, también se trató de un poderoso mensaje para las generaciones futuras de que la única opción sostenible era la rehabilitación de un edificio antiguo, que conserva el carbono incorporado de su construcción original.

Renovación de la iluminación en la sede de las Naciones Unidas.
Sede de la ONU, renovación de la iluminación y los sistemas de ventilación de la Asamblea General durante el proyecto Capital Master Plan. Archivos de imágenes UN/CMP

 

Nuestro proyecto de reforma/restauración se completó cumpliendo el presupuesto y el plazo. Redujimos la producción total de carbono y el consumo de energía y agua en más de un 50%. El proyecto cumplió con los criterios LEED de oro y platino. Nuestro equipo de la ONU mostró su satisfacción por los números finales, pero lo que más nos enorgulleció fue la decisión inicial de reciclar el complejo de edificios en lugar de demolerlo y crear un edificio más nuevo y más grande.

La mayoría de nosotros está de acuerdo en que el cambio climático es una grave amenaza existencial para la vida humana. Hemos visto los increíbles logros de los sectores del transporte y de la industria, dos de las principales fuentes de emisiones de carbono a nuestra atmósfera. Ambos están llevando a cabo una seria revolución integral para llegar a ser más responsables, dejando atrás los combustibles basados en el carbono y centrándose en otras energías alternativas. El sector agrícola está revirtiendo rápidamente cientos de años de tradición en favor de políticas más sostenibles, como la adaptación de los fertilizantes a cada ecosistema y el almacenamiento del carbono en el terreno. Pero el sector de la construcción, el que más carbono emite, ha evitado hasta ahora la toma de difíciles decisiones sostenibles.

Sí, estamos construyendo edificios más verdes, más inteligentes, pero los edificios verdes tardan décadas en acumular ahorros de carbono. Nuestros clientes, los promotores inmobiliarios, mantienen un modelo insostenible basado en los beneficios: seleccionar proyectos con la intención de demoler los edificios existentes para construir otros más grandes y más ecológicos. Por desgracia, esta estrategia descarta el carbono incorporado ya invertido en esos edificios existentes. Cuando se selecciona un ladrillo o un marco de acero para un edificio, se consume energía y se emite carbono al excavar la arcilla, cocer el ladrillo y dar forma al acero, y al transportar luego estos elementos a la obra, situada a cientos de kilómetros, e instalarlos. Los edificios ya existentes requieren que se consuman toneladas de energía (petróleo) y se generen residuos (carbono) que se emiten a nuestra atmósfera. El resultado del carbono incorporado es el edificio. Gran parte de este carbono sigue flotando en pequeñas partículas sólidas en nuestra estratosfera, atrapando el calor y tardando cientos de años en bajar. El impacto adverso de los edificios existentes afecta cada día a nuestro planeta.

Sala de reuniones en la sede de las Naciones Unidas.
Sede de la ONU, salas de reuniones del Edificio de la Secretaría completamente reformadas. Archivos de imágenes UN/CMP

Los pueblos y ciudades americanas siguen demoliendo los edificios existentes para construir otros de mayor tamaño. Enseñamos a nuestros niños a reciclar los residuos, el aluminio, el plástico, el papel e incluso reciclamos los automóviles, pero no los edificios. El principal objetivo del sector inmobiliario es, claro está, el beneficio y los edificios grandes son más rentables que los pequeños. Pero si somos conscientes de que las emisiones de carbono al medio ambiente son muy perjudiciales para el futuro de la vida en la Tierra y si existe una alternativa para los edificios que permita unos beneficios razonables, aunque sea políticamente dolorosa, debemos optar por esta alternativa, más respetuosa con el planeta.

Necesitamos una estrategia que recompense generosamente los proyectos que readapten los edificios existentes e imponga sanciones económicas a aquellos proyectos de demolición de edificios existentes. Es así de sencillo. Hoy en día respetamos las estructuras históricas porque en los 60 y en los 70 vimos desaparecer una parte importante de nuestro patrimonio, reemplazada por edificios modernos, eliminando los detalles que definen el carácter de nuestro pasado. Trabajando con múltiples organizaciones cívicas, el movimiento de preservación se ha centrado en el uso de los códigos fiscales municipales, estatales y federales para premiar la preservación y sancionar la demolición de los edificios históricos. Esta estrategia del palo y la zanahoria ha funcionado durante años y sigue funcionando.

Salón de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Sede de la ONU, salón de la Asamblea General completamente restaurado. Archivos de imágenes UN/CMP

 

En este momento de nuestra historia, salvar edificios para proteger su carbono incorporado, es decir, el que ya se encuentra en la atmósfera, es mucho más valioso de cara al futuro de lo que significó salvar nuestra historia cultural hace décadas. Los objetivos deben ser muy inclusivos, para que todos los edificios de una jurisdicción, desde los centros comerciales suburbanos hasta las viejas y relativamente pequeñas construcciones sean reciclados y el promotor deba abonar una considerable sanción si decide demolerlos. Los criterios para determinar lo que se debe salvar tardarán en evolucionar, pero probablemente incluirán que sean estructuralmente sólidos, que tengan acceso al transporte y decenas de otros criterios. Una posible herramienta es añadir costes significativos a la emisión de un permiso de demolición. Un debate más a fondo permitirá encontrar otras herramientas para financiar un sistema rotatorio de sanciones y recompensas que fomente económicamente el desarrollo sostenible.  El debate está abierto para todos.

Aunque es difícil reconocer méritos a un hecho que no ha tenido lugar, las Naciones Unidas parecen haber evitado la Tercera Guerra Mundial, probando que los humanos pueden solucionar complejos problemas políticos. Pero el cambio climático continúa siendo una amenaza para nuestro futuro. Nuestras modestas acciones hasta la fecha han sido inadecuadas. El sector de la construcción, el que más abusa de nuestro planeta, debe construir menos edificios nuevos y reciclar más. El primer paso es conseguir apoyos para evitar la demolición y así eludir la construcción de edificios nuevos, tal como decidieron de forma callada las Naciones Unidas hace 21 años.

Imagen principal: Sede de la ONU, vista desde Roosevelt Island, Nueva York, Junta de Diseño de la ONU dirigida por Wallace Harrison, Harrison & Abramovitz, 1952. Restauración completada en 2017, Michael Adlerstein, FAIA, Subsecretario-General de las Naciones Unidas (retirado). Archivos de imágenes UN/CMP

 

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