Future Transformations

La recuperación del paisaje industrial en desuso

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La post-producción arquitectónica y territorial de estructuras, edificios y complejos industriales en desuso ha sido en las últimas décadas uno de los grandes desafíos para las administraciones públicas a lo largo de Europa y Norte América, así como un foco de atención para arquitectos y urbanistas. De Detroit al valle del Ruhr en Alemania, la adaptación de estas infraestructuras es uno de los principales retos de los paisajes contemporáneos. Quizás uno de los ejemplos más exitosos desde el punto de vista arquitectónico y programático es la transformación del complejo industrial de Zollverein, en Essen, al oeste de Alemania. El proyecto se inició tras el cierre de la refinería de carbón en 1988, y estuvo diez años parado para decidir su futuro. En 2001, la UNESCO declaró este complejo industrial Patrimonio de la Humanidad, en gran medida por el masterplan propuesto por el estudio holandés OMA y el paisajista Henri Bava. En la actualidad, este amplio paisaje industrial se ha transformado en un espacio cultural, educativo, deportivo y de oficinas, que cuenta con la colaboración de arquitectos como OMA, Foster + Partners y SANAA, entre otros. El proyecto es un excepcional ejemplo de cómo los paisajes industriales pueden adaptarse y reutilizarse para desempeñar funciones contemporáneas y, al mismo tiempo, mantener el legado histórico.

El museo de Ruhr, diseñado por OMA, en el complejo de Zollverein (Essen, Alemania), es un ejemplo de una buena reconversión de un espacio industrial. © Helen Simonsson

A finales de 1968, el artista americano Robert Smithson emprendió uno de sus viajes de estudio al enorme complejo industrial de Oberhausen, ubicado precisamente en el valle de Ruhr en Alemania. Sus guías locales fueron los fotógrafos alemanes Bernd y Hilla Becher , quienes tenían un profundo conocimiento de estos paisajes industriales, puesto que los habían estado documentando desde principios de 1960. Los Becher habían fotografiado la arquitectura industrial de Europa del norte, en su mayoría fábricas abandonadas, que había transformado radicalmente el paisaje, tanto física como económicamente. Las series de documentos producidos por los artistas guardan una visión nostálgica, a la vez que crítica, sobre el impacto de la industrialización en el paisaje rural. Su trabajo de minuciosa documentación sirvió para poner en valor esa arquitectura industrial que el tiempo había comenzado a convertir en ruinas.

El trabajo de Smithson y los Becher ha inspirado a toda una generación posterior de artistas, entre los que se incluye Andreas Gursky, antiguo alumno de los Becher, o el canadiense Edward Burtynsky.

En 2006 se estrenó la película documental Manufactures Landscapes, que seguía el trabajo de Edward Burtinsky retratando y desentramando la realidad de los paisajes industriales contemporáneos en China. La documentación de esta “segunda naturaleza”, tal y como describía Cicerón en De Natura Deorum, es un reflejo de la acción humana en el paisaje, que sirve como soporte del estilo de vida contemporáneo y los flujos económicos, políticos y sociales.

Imagen de Edward Burtynsky de la zona industrial de Cankun, en la ciudad china de Zhangzhou. © Edward Burtynsky

Sin embargo, en el sistema globalizado en el que vivimos, nuestro estilo de vida contemporáneo y acciones cotidianas tienen un efecto colateral no sólo en nuestro entorno más próximo, sino en otros contextos, paisajes y países a miles de kilómetros de distancia. Un ejemplo claro de la conexión transnacional entre paisajes industriales la podemos encontrar en nuestros smart phones. Seguramente estos dispositivos se han diseñado en un complejo industrial de Silicon Valley, en California, o en Pangyo Techno Valley, en Corea del Sur, pero se han ensamblado en una fábrica de China, con piezas provenientes de varios países como Alemania o Japón, y una batería de silicio, posiblemente extraído en una mina de Bolivia o Chile. Una vez estos teléfonos móviles cumplan con su programada vida útil, se enviarán a uno de los gigantescos vertederos de residuos electrónicos de Ghana o India, donde muchos colectores buscarán piezas para venderlas a peso en el mercado negro, mientras los residuos tóxicos de las baterías se filtran y contaminan el subsuelo. Una muestra sobre cómo nuestras acciones básicas diarias tienen efectos colaterales en contextos y paisajes completamente lejanos y aparentemente inconexos.

Jóvenes trabajando en Agbogbloshie, un suburbio de Accra, Ghana. Foto de Marlenenapoli / Wikimedia Commons

Actualmente, varios arquitectos trabajan explorando la transformación de los nuevos paisajes industriales, así como el impacto de la acción humana en el paisaje. Un ejemplo es Territorial Agency, la plataforma liderada por los arquitectos Ann-Sofi Rönnskog y John Palmesino, quienes, con uno de sus últimos proyectos, Museum of Oil, describen los paisajes generados por la extracción de petróleo y las cuestiones geopolíticas y el impacto medioambiental que entrama la gestión de estos territorios.

Por otro lado, Unknown Fields Division es un estudio de investigación dirigido por los arquitectos Kate Davies y Liam Young, quienes en sus expediciones analizan las sombras de la ciudad contemporánea para destapar las ecologías industriales y la naturaleza frágil que la tecnología y la cultura urbana han puesto en marcha. Su proyecto The breastmilk of the volcano analiza los nuevos paisajes industriales que el futuro sostenible de empresas como Tesla nos presenta. Un futuro distópico donde se están reemplazando los pozos de extracción de petróleo en Oriente Medio por amplias minas de extracción de litio en Sudamérica.

Vivimos en un paisaje continuo y transnacional donde los límites entre urbano y no urbano son cada vez más difusos. Los paisajes productivos que mantienen nuestro estilo de vida no se limitan sólo a los entornos agrícolas, como definía Cicerón, o a los complejos industriales retratados por los Becher, sino que traspasan las barreras territoriales próximas para adquirir una escala global. El crecimiento exponencial de la demanda de energía, la continua dependencia de combustibles fósiles y el consumismo como estilo de vida predominante, tienen un drástico impacto a nivel medioambiental y social. Nuestros paisajes industriales y su futura transformación nos definen y definen nuestro sentido de pertenencia y nivel de dependencia del planeta, y necesitan una profunda reconversión de los principios que los rigen para su futura transformación.

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