Piedras de otro mundo

Cómo la cultura espacial me ha influido como arquitecto

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8 de julio de 2011. Ambiente de expectación. Estamos a punto de presenciar el último despegue del transbordador espacial Atlantis. A medida que se acerca el último minuto de la cuenta atrás la expectación va en aumento. La emoción está a flor de piel y sin embargo yo me siento calmado y confiado. No es mi primer lanzamiento.

Seis segundos antes del despegue, se encienden los motores principales del transbordador. Es un momento decisivo. A pesar de que los propulsores de los cohetes de combustible sólido, responsables del grueso del alzamiento, ya no se pueden apagar, todavía están a tiempo de desconectar los motores si algo falla. La NASA cuenta con tan solo seis segundos para detectar si algo está fallando antes de autorizar el despegue. Estos motores se calientan de forma asimétrica provocando que el morro del transbordador espacial se incline hacia abajo. Mientras chirría al inclinarse, se mantiene sujeto a la plataforma de lanzamiento con un simple puñado de tornillos. Los astronautas de abordo son plenamente conscientes de este extraño movimiento. Esos diminutos tornillos ralentizan la caída hacia adelante del transbordador espacial y lo devuelven a la posición vertical justo a tiempo para el despegue. Se produce el encendido de motores de los cohetes de combustible sólido.

Izda.: la familia Clifford en el centro de capacitación WET F en Houston, Texas. Foto © Brandon Clifford. Dcha.: Rich Clifford EVA (actividad extra vehicular) durante la misión STS-76 instalando experimentos en la Estación Espacial Mir. Foto © NASA.

Mientras tanto, a casi cinco kilómetros de distancia, estamos animando y coreando el final de la cuenta atrás. Al llegar a cero, el cielo centellea con el estallido de los cohetes y una nube de humo engulle la lanzadera. Ésta parece deslizarse pero enseguida acelera más y más deprisa. Segundos más tarde, nos invade un estruendo. Entonces, me quedo sumido en un estado de nostalgia, reviviendo la emoción del momento como cuando era un niño. Pero a medio camino hacia el cielo, un sentimiento contradictorio se apodera de mí. Ya no pienso como un espectador, sino como un adulto responsable y empático. No puedo creer que haya humanos sentados encima de esa bomba. Sencillamente es… demasiado temerario.

La cultura de la investigación espacial

No fue hasta ese momento en que caí en la cuenta de que mi infancia era anormal. Crecí junto a un padre astronauta, jugaba con otros niños cuyos padres eran astronautas, o bien trabajaban para ellos como entrenadores, dentistas o contables. En esa comunidad, ser astronauta era genial pero también era algo muy cotidiano. Era nuestra cotidianidad. Pero ahora vivo fuera del gremio, trabajando en una disciplina diferente, como es el diseño. Y me sorprende comprobar cómo una cultura tan ajena como la de aquel colectivo ha podido influir tanto en mi carrera.

Rich Clifford en las instalaciones de WET F en Houston, Texas, durante las reparaciones de la misión STS-49 del Telescopio Espacial Hubble en 1992. Mientras los astronautas en el espacio se recuperaban de una reparación abortada, los astronautas en tierra experimentaron en la Flotabilidad Neutral de la WET F para probar diferentes métodos de reparación e informar al espacio con instrucciones. Foto © NASA.

Por ejemplo, en la jerga de los astronautas no se acostumbra a oír la palabra “seguridad”. Y es que lanzar humanos al espacio exterior en un transbordador espacial no es que sea precisamente lo más seguro del mundo. Si se valorara la investigación espacial en términos de seguridad, nunca se hubiera llevado a cabo ninguna misión. En lugar de eso, el concepto de seguridad se reemplaza con la medición de cálculos contra el riesgo. El espectáculo es otra parte importante que rodea a esa cultura. Mientras la investigación espacial se fundamenta en fines militares, científicos y de ingeniería, la parte más superficial de su objetivo es cautivar al público, causando emoción e intriga. Teorías conspiratorias aparte, no se puede negar que la NASA dedica buena parte de su energía a montar un buen espectáculo. Esta operativa parece natural cuando te has criado en ese entorno, pero ahora lo veo como algo inherente sólo a esa cultura.

“He abandonado la firme suposición de que la arquitectura esté exclusivamente ligada a los edificios y ahora me dedico a estudiar los rituales y actuaciones que rodean al transporte y montaje de antiguas maravillas.”

Janus de Matter Design y CEMEX Global R&D, American Academy en Roma, 2018. Foto © Brandon Clifford.

De la era espacial a la edad de piedra

Lo irónico de todo esto es que mientras mi padre dedicaba su vida a explorar el espacio en gravedad cero, mi atención se centraba en las rocas cargadas de gravedad. Pasamos de la era espacial a la edad de piedra. Y ciertamente, ¿qué podría ser más extraño para a un niño del espacio, criado en la llana y pantanosa ciudad de Clear Lake, en Texas, que unas antiguas rocas megalíticas? Sin duda puedo afirmar que el peculiar contexto en el que crecí ha definido claramente ciertos valores de mi trabajo. Mi profesión se nutre de explorar lo desconocido en busca de nuevo conocimiento, pero creo que en el centro de nuestras carreras (la mía y la de mi padre) se encuentra la búsqueda de lo imposible, ya sea explorando el vacío del espacio en un transbordador espacial o la flotación de una piedra. Cuanto más seguro me siento en mi carrera, más riesgos me atrevo a asumir. He abandonado la firme suposición de que la arquitectura esté exclusivamente ligada a los edificios y ahora me dedico a estudiar los rituales y actuaciones que rodean al transporte y montaje de antiguas maravillas.

Buoy Stone de Matter Design, Cambridge MA, 2016. Foto ©Brandon Clifford.

Imaginaos haber asistido a la construcción de Stonehenge o haber presenciado el transporte de las cabezas de piedra de las estatuas Moái por toda la Isla de Pascua. Estos fueron sus lanzamientos espaciales; experiencias de otro mundo llevadas a cabo por una comunidad. Esos antiguos asentamientos megalíticos no solo supusieron espectáculos en sí mismos, sino también la construcción de conexiones entre el ser humano y el cosmos. Registraron eventos celestiales, reunieron a comunidades para memoriales y forjaron predicciones de futuro.

Aunque mi trabajo se centra en los misterios que rodean a las rocas antiguas, parece que nunca he desconectado mentalmente de la NASA. La industria espacial me ha enseñado a avanzar en nuestro conocimiento contando una historia; a construir un espectáculo, una actuación y una proeza de fuerza imposible que cautive la atención del público. Me ha enseñado que todavía puedes seguir aprendiendo mientras te diviertes y haces un espectáculo; que el propósito de un experimento es tan importante como la experiencia en sí.

Imagen principal: McKnelly Megalith por el Estudio de Robótica Megalítica, un curso impartido por Brandon Clifford en el MIT en 2015. Foto © Brandon Clifford.