El futuro verde de la Gran Manzana

Los arquitectos de una de las mayores metrópolis del mundo reconocen el enorme impacto de la huella de carbono de los edificios y sugieren acciones para reducirlo.

Article image

Las obras han vuelto a las calles de Nueva York, una ciudad entregada en la actualidad a la ampliación de su ya de por sí densa red de construcciones e infraestructuras. Pero, ¿podrían los edificios, tanto nuevos como antiguos, contribuir a crear una ciudad más concienciada con el medio ambiente? Muchos de los arquitectos encargados de diseñar los rascacielos más imponentes —o los colegios e instalaciones públicas que tanta falta hacen— creen que pueden reducir las emisiones de carbono de la urbe y limitar la cantidad de residuos producida por los habitantes. Por su parte, una creciente ola de leyes y ordenanzas municipales, unidas a movimientos ciudadanos centrados en el diseño, podrían teñir de verde el futuro de una ciudad a menudo cubierta de gris.

Los arquitectos se enfrentan a varios escollos que nos afectan a todos. Según numerosas fuentes, 2016 fue el año más caluroso de la historia, seguido de cerca del 2017. Aunque algunos niegan que el calentamiento global sea el resultado de la actividad humana, muchos arquitectos estadounidenses creen lo contrario. Sostienen que es su responsabilidad y deber hacer todo lo que esté en su mano por reducir las emisiones de carbono. De hecho, el American Institute of Architects ha renovado su compromiso con el Acuerdo de París de la ONU sobre el cambio climático, justo cuando el gobierno federal de los EE.UU. ha decidido retirarlo.

El núcleo urbano de Nueva York, cada día más desgastado y masificado, no hace más que agravar la emisión de gases de la urbe, pero esta circunstancia podría llegar a convertirse en una ventaja para las iniciativas emprendidas por la ciudad a fin de aplacar sus problemas medioambientales.

 

En la última década, son muchas las teorías que sostienen que son precisamente las ciudades más densas, dada su necesidad de compartir recursos y desarrollar una vasta red de transporte público, las que cuentan con un mayor potencial para llegar a ser más ecológicas y borrar la huella de carbono. En esta línea apunta el extenso trabajo de la escuela de diseño de Harvard, cuyos resultados fueron publicados en la segunda edición de Ecological Urbanism, en 2016.

 

Vista de una calle de Nueva York con emisiones de carbono.
Vista de una calle de Nueva York.

Sin embargo, es pronto para considerar a Nueva York como un caso de éxito en materia de concienciación medioambiental. De hecho, los datos arrojados por un estudio de 2014 publicado en 2016 por el alcalde Bill de Blasio sugieren que son los edificios, y no los vehículos, los responsables de la mayoría de las emisiones de carbono de Nueva York. Los hallazgos del estudio fueron sorprendentes. Según el informe, las estructuras de la ciudad fueron responsables de la emisión del 73% de los gases de efecto invernadero, generadas por una notable dependencia de recursos como gas natural, electricidad, gasóleo, vapor y biocombustibles. El sector de transportes (incluidos los automóviles) representa un 27% de las emisiones, mientras que el porcentaje restante es cosa de los vertederos y las plantas de tratamiento de aguas residuales.

A raíz de estos hallazgos, y en cumplimiento con el Acuerdo de París firmado en el 2015, la ciudad de Nueva York se ha comprometido a reducir sus emisiones en un 80% para el año 2050. Esta iniciativa se ha dado a conocer bajo el nombre de «80 x 50». Para alcanzar el objetivo, la oficina de sostenibilidad del ayuntamiento aboga por emprender un conjunto de acciones clave:

  • Mejorar la eficiencia energética de los edificios.
  • Sustituir los sistemas de calefacción y agua caliente basados en combustibles fósiles con sistemas de energías renovables o de alta eficiencia energética.
  • Emprender la transición hacia una red eléctrica basada en energías renovables.
  • Reducir el tráfico urbano y reemplazar los vehículos en circulación con alternativas de cero emisiones.
  • Alcanzar el objetivo de cero residuos en los vertederos.

Dado que son los edificios los que más contaminan en Nueva York, ¿no deberían ser los arquitectos quienes lideren las acciones medioambientales?

Así lo cree la sección neoyorquina del Instituto Americano de Arquitectos (AIANY), que ha respondido al objetivo 80 x 50 emprendiendo varias iniciativas.

El tráfico de Nueva York produce el 21% de las emisiones de carbono.
El tráfico de Nueva York produce el 21% de las emisiones de carbono.

Poco después del anuncio del objetivo 80 x 50, una coalición liderada por el Comité Medioambiental del AIANY formó un grupo de trabajo con el objetivo de identificar las acciones que pueden tomar los arquitectos para ayudar a Nueva York a convertirse en un referente en materia de sostenibilidad. El grupo afirma que el diseño y la construcción de nuevos edificios debe responder a los más altos estándares en materia de sostenibilidad. Estas edificaciones deben emplear fuentes de energía renovables y producir pocos residuos, por no hablar del tremendo impacto que tendría en las emisiones de carbono renovar muchos de los edificios antiguos de la ciudad. Quizá no sean tareas glamurosas, pero sustituir ventanas viejas, sellar tejados con filtraciones o actualizar sistemas de calefacción y aire acondicionado ineficientes resultará clave a la hora de alcanzar los objetivos del 80 x 50.

El resultado de estos esfuerzos es la iniciativa AINAY 80×50, que ha promovido charlas, mesas redondas y talleres para formar a la comunidad de arquitectos y dotarlos del conocimiento necesario para construir edificios de mayor eficiencia energética, anticipándose a los cambios de ordenanzas urbanísticas encaminadas a reducir las emisiones de carbono. Su declaración en materia de sostenibilidad y medioambiente, publicada en el 2017, recalca el papel de los arquitectos en la promoción de iniciativas ecológicas.

Además de contribuir a la reducción de las emisiones vertidas por los edificios, los arquitectos también pueden ayudar a los habitantes de la urbe a producir menos y mejores residuos. Los vertederos urbanos —que acumulan montañas tóxicas de basura— producen rechazo en las comunidades cercanas, lo que ha llevado a alejarlos cada vez más de la ciudad. Sin embargo, con una estrategia adecuada, los arquitectos pueden diseñar edificios (viviendas, oficinas, restaurantes, etc.) que ayuden a las personas a reciclar más y tirar menos.

En otoño del 2017, el Center for Architecture de Nueva York publicó su guía Zero Waste Design Guidelines, con la ayuda de la Fundación Rockefeller y desarrollada en colaboración con AIANY Committee on the Environment, Kiss + Cathcart, Architects, ClosedLoops, y Foodprint Group. Las directrices recogidas en este documento buscan ayudar a Nueva York a alcanzar el ambicioso objetivo de reducir a cero los residuos enviados a los vertederos para el año 2030, además de ayudar a otras ciudades comprometidas con la lucha por la reducción de los residuos urbanos. La guía, publicada en www.zerowastedesign.org, incluye una calculadora que ayuda a arquitectos a determinar el volumen de residuos que generará un edificio. La propia calculadora ofrece sugerencias sobre cómo reducir esta cifra, diversificar el tratamiento de los deshechos y utilizar herramientas que reduzcan el volumen de los residuos, lo que redundará en una menor necesidad de espacio de almacenamiento.

En estos tiempos en los que la responsabilidad humana del cambio climático sigue a debate, no deja de sorprender —y generar cierta esperanza— que una de las ciudades más influyentes y pobladas del planeta ejerza su liderazgo comprometiéndose a reducir su impacto medioambiental y su huella de carbono. A medida que el ayuntamiento y las agencias locales fijen objetivos para reducir la polución y las emisiones de carbono, serán las comunidades locales las que deberán recoger el guante y liderar iniciativas propias. Erigirse en referentes de la causa medioambiental es una gran oportunidad para los arquitectos. Resulta alentador observar cómo, a través de varias de las medidas citadas, algunos de estos profesionales ya se han comprometido a poner su grano de arena en pos de un futuro más verde.

Imagen principal: vistas de la ciudad de Nueva York.

Suscríbete a la newsletter