Descubriendo la magia de la ciencia

El aprendizaje a través del diseño de exposiciones interactivas

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«Estoy entre los que opinan que la ciencia es de una gran belleza. Un científico en su laboratorio no es solo un técnico: también es un niño frente a un fenómeno natural, que le impresiona como si se tratara de un cuento de hadas»

Marie Curie

Marie Curie fue la primera persona galardonada con dos premios Nobel y una pionera en el campo de la radioactividad. Por eso es una de las tres personas que nos da la bienvenida en el vestíbulo de CosmoCaixa, el museo de ciencia de Barcelona. Sus palabras, en las que nos habla de la belleza de la ciencia comparando las reacciones de un científico con la impresión que un cuento de hadas causa en un niño, nos proporcionan el fundamento necesario para determinar que un museo dedicado a la ciencia puede ser un lugar donde encontremos la felicidad.

Hay personas que piensan que la ciencia es aburrida, complicada e ininteligible, pero tal como nos cuenta Marie Curie, descubrir sus fenómenos es algo mágico. Entender cómo funciona el ADN, mirar de cerca los microorganismos que habitan y forman parte de nuestros cuerpos, conocer a nuestros ancestros y descubrir las capacidades que poseían, quedar cautivados por la representación del Big Bang o probar la inercia de un cuerpo en movimiento son algunas de las cosas que pueden observar los visitantes de CosmoCaixa, y no solo observar, sino también tocar. Descubrir, manejar, activar y hallar son acciones que proporcionan al visitante una experiencia verdaderamente auténtica. ¡Esta es la mejor forma de entender la ciencia!

Todo lo que encontramos en la nueva Sala del Universo, la colección permanente de CosmoCaixa, está diseñado para favorecer el descubrimiento, para conseguir el objetivo que el equipo del museo nos marcó: crear una vocación científica. La sala está diseñada para despertar la curiosidad de cada visitante. La exposición permanente está dividida en tres grandes secciones temáticas: el Cosmos, la Evolución y las Fronteras del Conocimiento.

Detalle de un juego de transparencias en un museo de ciencia.
Vista general que muestra el juego de transparencias creada por el vidrio de color. Imagen © José Hevia

También existe un nuevo espacio, el Math Lab, dedicado íntegramente a las matemáticas. La sala está estructurada alrededor de una plaza central con una gran escalera. El recorrido no es obvio, los módulos no están situados ordenadamente, las estructuras divisorias no son opacas: la sala pretender ser un todo, como nuestro propio mundo, donde todo está interconectado. Las paredes son de vidrio de color y la transparencia es una opción deliberada de diseño.

La experiencia del visitante la hallamos en los módulos interactivos. Se trata de experiencias que abarcan todas las áreas de la ciencia: es el museo en el que impera el «por favor tocar». Una declaración que hay que limitar en tiempos del Covid, pero que, gracias a la misma ciencia, pronto será válida de nuevo. Los módulos se encuentran sobre estructuras agrupadas temáticamente, a diferentes alturas, buscando en todo momento la participación colectiva. Lógicamente, el nuevo museo de la ciencia es en gran medida un heredero de los anteriores museos; ha sido modernizado pero su esencia permanece. Esta era una parte del objetivo del proyecto y también formaba parte de nuestra perspectiva inicial.

La «Bola del mundo» es el nuevo icono del museo de ciencia CosmoCaixa.
La «Bola del mundo», un nuevo icono de CosmoCaixa, un módulo interactivo y escenográfico. Imagen © MediaPro

Todo el proyecto de la Sala del Universo fue muy intenso y extremadamente interesante, algo infrecuente. El equipo coincide en que, de los cuatro años de trabajo, debemos destacar dos momentos especialmente emocionantes. El primero se produjo cuando se vació la sala. Como si nos hubiéramos encontrado en el instante anterior al Big Bang. Un panorama verdaderamente apabullante: una sala vacía de 3.000 m2  en la que previamente se exhibían cientos de objetos y experiencias interactivas, un espacio que solo en el año anterior ya había sido visitado por casi un millón de personas. Ahora nuestra misión era llenarlo de nuevo y eso hicimos, un proceso para el que nos habíamos preparado a conciencia.

El segundo momento no tiene una fecha determinada: se produce más bien cada día que volvemos al museo y vemos lo vivo que está, cómo se está utilizando. Ver a los visitantes, niños y niñas, a los profesores, a los padres y madres o a los monitores de sala interactuando en el espacio, viendo cómo disfrutan de la sala. Esto es algo que nos llena de satisfacción.

Imaginar espacios y diseñar experiencias museísticas es increíblemente gratificante. Volver a estos lugares es siempre un placer, un placer que solo puede ser entendido por aquellos de nosotros que hemos trabajado allí. Conocemos los secretos, las dificultades, pero también podemos ver las ideas iniciales, a veces disparatadas, ideas que han madurado y que ahora están completamente operativas; algunas de ellas incluso se han convertido en símbolos del nuevo museo. Ver cómo un proyecto como CosmoCaixa sirve para transformar, educar, crear valor, proporcionar conocimiento y conectar con nosotros mismos como especie inteligente ha sido un reto increíble.

Imagen principal: Estudiantes frente al módulo «Big Bang, la expansión del universo». Imagen © MediaPro 

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