Rediseñar la muerte

Nuevas opciones de cómo acomodarse a dos metros bajo tierra

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Si pensamos en residuos, los ataúdes probablemente no es lo primero que nos viene a la cabeza. Aun así, en 1784, el emperador austriaco José II, obsesionado con minimizar el despilfarro y reformador de las políticas económicas, veía los ataúdes exactamente como eso: un derroche de materiales y dinero. Con ganas de impulsar algunos cambios, encargó un nuevo diseño, el llamado “ataúd económico”, que contaba con una compuerta en el fondo del féretro que se abría para dejar caer el cadáver, envuelto desnudo en un saco, directamente a la tumba.

Como era de esperar, el invento no gustó nada. José II trató de superar las objeciones de la gente imponiendo la obligatoriedad del uso de este ataúd, pero tuvo que retirar la orden seis meses después. Sin embargo, su plan para trasladar los cementerios fuera de las zonas urbanas para evitar contaminar el agua subterránea tuvo más éxito.

Hoy en día, en lo referente a los entierros, poco ha cambiado

Hoy en día, los ataúdes siguen siendo caros y son una máquina de generar residuos; cualquier persona que quiera un sepelio alternativo debe planearlo con suma antelación a su muerte para asegurarse de que sus deseos se cumplan en una industria tan codificada y regulada como la funeraria.

El cambio más significativo desde la época de José II es, por supuesto, la llegada de una forma de incineración segura y eficiente. La incineración se introdujo a finales de la década de 1800 y se reguló por ley a principios del siglo xx. Pero, a pesar de los esfuerzos de algunos convencidos que defendían una forma de irse de este mundo más limpia y eficiente en cuanto al espacio, realmente no empezó a popularizarse hasta la década de 1960. En los Estados Unidos, por ejemplo, no hace mucho que la incineración es tan popular como los entierros.

Si tenemos en cuenta la preocupación actual en relación a la alta cantidad de residuos que generamos, es sorprendente que no se hayan tomado más medidas para corregir esta situación. Un entierro es un sistema que necesita gran cantidad de espacio y resulta muy poco sostenible para el medio ambiente, debido a los numerosos adornos y cintas que se ponen en los féretros y a los químicos que penetran en el suelo por la descomposición de los cuerpos embalsamados. Los cementerios ocupan vastas áreas de territorio que, de otro modo, serían consideradas habitables, a menudo en las afueras de unas ciudades que no paran de crecer. La incineración, por otro lado, a pesar de ser considerada como una opción más progresista, es también una solución muy poco ecológica.

En un reportaje de la BBC sobre una posible alternativa –disolver el cadáver en una solución alcalina– se informó del sorprendente descubrimiento de la investigadora holandesa Elisabeth Keijzer: la incineración tiene un mayor impacto en el cambio climático que un entierro convencional, además de agravar el problema de la toxicidad de los restos humanos. Según sus cálculos, una incineración media supone un coste medioambiental estimado de 48,47 euros por persona. El coste de un entierro es más elevado, 63,66 euros, pero este dato se debe sobre todo a la cantidad de terreno que se necesita. Se estima que el dióxido de carbono emitido cada año en los Estados Unidos debido a las incineraciones es el equivalente a 41.040 coches.

Sin embargo, tratar de forzar algún cambio en una industria tan rígida y tradicional no es fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que para mucha gente la muerte es un tema tabú. Aun así, desde hace unos años, los diseñadores tratan de buscar alternativas lanzando nuevas ideas y proyectos a la sociedad a través de empresas emergentes y experimentos de diseño radicales.

Ataúd económico de Visser & Meijward para entierro ecológico

Quizás lo más cercano al ataúd económico son los féretros en colores sólidos y atrevidos, parcialmente reutilizables, con cremallera, diseñados por el estudio de Arnhem Visser & Meijward. Cada ataúd consta de un bastidor, una camilla y una cubierta de PVC que se cierra con una cremallera. La pieza de PVC puede sacarse fácilmente, lavarse y reutilizarse después de la ceremonia de entierro. El objetivo de los diseñadores era crear algo menos deprimente, más económico y más personalizado que los féretros que se ofrecen en la mayoría de las funerarias.

En 2017, el diseñador británico Tom Dixon propuso otra opción con el sarcófago sostenible, un estuche que evoca la forma redondeada de los sarcófagos del Antiguo Egipto. En vez de piedra, este féretro está fabricado con un papel biodegradable, de poco gramaje, producido por Paper Factor, que normalmente se utiliza para fabricar madera sostenible y que no genera muchos residuos.

Propuesta para entierro ecológico Infinite Body Suit de Jae Rhim Lee y Mike Ma

Incluso más radical es el traje Infinity Burial Suit de Jae Rhim Lee y Mike Ma, un traje funerario con esporas de hongos seleccionados específicamente por su capacidad de consumir diferentes partes del cuerpo humano como uñas y pelo. Los hongos evitan que muchas de las toxinas del cuerpo penetren en el suelo durante el proceso de descomposición. Todo lo que queda es compost libre de toxinas.

La idea de convertir nuestros cuerpos en granjas alimentarias puede ser un paso demasiado atrevido para algunos, pero la idea de obtener compost a partir de humanos podría transformar la industria funeraria, una industria que pasaría de generar desechos a contribuir activamente al ecosistema.

Recompose, una empresa que nació a partir del Urban Death Project (Proyecto de muerte urbana) en Seattle está investigando formas de aprovechar el proceso de descomposición natural como una alternativa al entierro. Al fin y al cabo, los humanos estamos hechos de materia orgánica, y el compostaje es, de largo, la opción más favorable para el medio ambiente; eso significaría que nuestros cuerpos serían útiles para el planeta después de nuestra muerte.

La propuesta original, que preveía la creación de grandes edificios para el compostaje humano en áreas urbanas, queda todavía muy lejana, pero se está llevando a cabo un proyecto en la Universidad Estatal de Washington que sugiere que Recompose empezará a ofrecer a las personas la opción de convertirse en compost –o a sus seres queridos– muy pronto si las autoridades locales lo permiten; la idea es exportar esta iniciativa también al resto del mundo.

Estos son solo algunos de los ejemplos generados en el ámbito del diseño, una disciplina que no para de lanzar ideas. Hasta ahora, Recompose es el proyecto que más avances significativos ha hecho. Incluso alternativas reguladas a las opciones estándar –como los entierros naturales o «verdes» sin ataúd en un terreno dedicado a ese fin o bien incineraciones en una pira funeraria al aire libre– son todavía difíciles y caras para la gran mayoría de personas en el mundo occidental.

«Algo anda mal cuando mis zapatillas deportivas tienen más opciones de personalización que mi funeral», escribió el crítico de arquitectura Phineas Harper en 2016. La elección es todavía muy limitada para la gran mayoría de personas cuando llega el momento de decidir cómo quieren que se les trate -a ellos o a sus seres queridos- después de fallecer. Como máximo uno puede optar por un diseño de ataúd lo más básico posible. Pero los cambios están a la vuelta de la esquina. La cuestión es ver si la gente los aceptará o si estas ideas terminarán en el mismo sitio que el ataúd económico de José II: enterradas.

 Imagen principal: Propuesta para Infinite Body Suit de Jae Rhim Lee and Mike Ma

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